No es fácil fijar coordenadas para definir lo que se entiende por románico. Bien que la nomenclatura tenga un sentido prioritariamente artístico, éste debe aparecer integrado en un entorno plural, de modo que se valore en todo el material recopilado las manifestaciones de la cultura de época románica. Esto supone no condenar al olvido otros testimonios generalmente desatendidos como los castillos y las fortificaciones, los yacimientos arqueológicos, los vestigios de la red viaria o los vestigios epigráficos. Los datos suministrados por este tipo de fuentes -por secundarios que sean- aportan una visión más completa frente el tradicional monolitismo artístico.

 

A la hora de clasificar restos escultóricos, pictóricos o arquitectónicos, utilizamos unos márgenes cronológicos que oscilan entre el año 1070 y el 1250, entendiendo que la primera fecha nos marca la introducción del fenómeno en Castilla (según la cronología tradicionalmente aceptada para Frómista y obras coetáneas como San Isidro de Dueñas o Nogal de las Huertas) y la segunda incluye buen número de realizaciones de inercia propias del románico, aunque ejecutadas en un momento en el que el gótico se había ya impuesto en los focos más vanguardistas. Prescindimos pues del prerrománico e incluimos además las obras generadas por el espíritu cisterciense, que desde monasterios paradigmáticos se irá extendiendo hacia otros núcleos parroquiales y rurales. De cualquier modo, los parámetros cronológicos fijados "a priori" no son inamovibles. De hecho, existe buen número de obras y de edificios que aunque realizados en fecha posterior al 1250, mantienen todavía características netamente románicas y por lo tanto son contempladas en el catálogo. Este fenómeno de inercia de un estilo es muy habitual en las construcciones y las ornamentaciones rurales, que en ocasiones constituyen el grueso del material recogido.

Una cuestión a la que hemos prestado una especial importancia es la inclusión -o al menos mención- de todas aquellas piezas que procedentes de la región castellano y leonesa se conservan en la actualidad en museos y colecciones nacionales o extranjeras. Estas piezas, generalmente descontextualizadas y expatriadas en el transcurso del presente siglo, representan una cantidad de información en absoluto despreciable que deben añadirse a los testimonios in situ para completar el panorama global que se persigue.